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Dada a la época en que vivimos,  quiero  empezar a publicar artículos  para compartir mis conocimientos y proporcionar herramientas y consejos que puedan ayudar a sobrellevar un poco mejor estos tiempos tan caóticos. En este primer artículo, hago hincapié a la Salud Mental, haciendo un llamamiento a la Sanidad Pública y a todos aquellos que lo estén pasando mal en estos momentos. Gracias por su tiempo

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Salud Mental en tiempos de Pandemia

 

Debido a la especialísima situación en la que nos encontramos, los cuadros de ANSIEDAD, DEPRESIÓN, TRASTORNO DE CONDUCTA ALIMENTARIA, ADICCIONES e incluso IDEAS DE SUICIDIO se han multiplicado.

Mirar a otro lado e ignorar ésta realidad no hará que ésta desaparezca. Debemos llamar a las cosas por su nombre.

Esta es la “nueva normalidad” de muchas personas, tanto jóvenes como adultos. Es la factura  que está dejando el Covid-19, y lo peor es que aún no se vislumbra un final claro.

Hemos de sumar dos circunstancias que no ayudan a mejorar ésta situación:

  • Las enfermedades mentales siguen siendo vistas como un tabú: pensemos que la Salud Mental es importante, el no estar a tope mentalmente no es una debilidad. Es normal no saber manejar la situación, nadie nos ha enseñado a vivir una situación como ésta, es una situación excepcional donde necesitamos medidas excepcionales. Acudir a un psicólogo o a un psiquiatra no quiere decir que estás loco. Quitemos ese estigma y busquemos soluciones. Démosle la vuelta a la tortilla, pensemos que buscar ayuda, hacer algo, es una muestra de valentía, no de debilidad. Seamos honestos e inteligentes: reconozcamos que tenemos un problema y que no hemos sabido cómo solucionarlo hasta ahora sin ayuda. Busca la complicidad de un profesional. Si llevas una semana con problemas en la rodilla, acudes al fisioterapeuta… ¿Por qué no al psicólogo cuando hace años que no estás bien?
  • La Salud Mental no es un privilegio, es un derecho: La pandemia está duplicando la demanda de citas con profesionales de la salud mental. Aun así, ésta sigue siendo el “patito feo” de la Sanidad Pública y España se enfrenta a un gran reto para lograr que la protección que damos a nuestra mente pueda equipararse a la que damos a nuestro cuerpo.

Actualmente, gran parte del peso de la atención a los problemas de salud mental recae en un servicio sanitario privado que no todos los afectados pueden pagar.

Conviven dos corrientes de pensamiento casi contradictorias: por un lado: “Shhhh, ¿Qué dirán si voy al psicólogo?, calla, no digas nada” y por otro “Necesitamos más inversión en salud mental en el Servicio Sanitario”.

Mientras tanto, los números alarmantes siguen aumentando: el 41,9% de la población ha tenido “problemas de sueño”, mientras que más de la mitad de los ciudadanos —un 51,9%— confiesa sentirse “cansado o con pocas energías”

(Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS), entre el 19 y el 25 de febrero, 2021.)

Otro estudio del Consejo Nacional de Psicología ha alertado también de que un 40% de los encuestados tenía síntomas de depresión moderados y graves, y otro 30% presentaba problemas de ansiedad. El caso de los sanitarios en primera línea de la lucha contra la pandemia es también muy preocupante; la mitad de ellos puede tener estrés postraumático y casi un tercio se ha planteado en los últimos meses dejar la profesión.

También sorprende que cada vez más  sean  los adolescentes los que más están  acudiendo a pedir ayuda a pesar de que al principio de la pandemia fueron los que mejor se adaptaron  a la situación. Es difícil que puedan cubrir sus necesidades básicas como la de socializar y cumplir de manera efectiva con su actividad académica.

El aislamiento social, la enseñanza online o semi presencial y el miedo al contagio crean mucho estrés, ansiedad y depresión entre los adolescentes y pre adolescentes. Entre las chicas destacan los trastornos de ansiedad y depresión, así como los relacionados con la alimentación. En ellos son más comunes  los problemas de conducta y de consumo. ¿Cuál es el motivo? Pasan más tiempo en las redes sociales, jugando a videojuegos en vez de pasar el día fuera, con sus amigos, jugando o practicando algún deporte.

Los adultos  puede que tengan más recursos, sí, pero no por ello lo estén pasando mejor. Se enfrentan a problemas económicos, desempleo, incertidumbre, miedo al contagio y al aislamiento.

Nota importante aquí: si hay que llorar, se llora. Tampoco hemos de hacer un gran esfuerzo para ocultar la situación a los niños. Enseñemos a expresar emociones porque todos somos humanos. La inteligencia emocional enseña a reconocer la emoción, sentirla e intenta que demos pequeños pasos para solucionar los problemas que se nos puedan presentar. Enseñemos este proceso a los jóvenes.

Ahora más que nunca, ya que disponemos de más tiempo para estar con nuestros hijos. Algo positivo ha de tener la pandemia, ¿no?

Me reitero: pedir ayuda es de valientes.

Los profesionales, a nuestra vez, nos dedicaremos a pedir ayuda a Sanidad para que haya más oportunidades para tratar equitativamente a toda la gente que lo necesite.

Para cualquier pregunta, no dudes en contactar conmigo, será un placer.

Logotipo Marisa Richelle

Feliz día

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